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“No sé cómo empezar esta reflexión, así que voy a intentar empezar explicando por qué tiene lugar en primer lugar. Mi amiga, Cristina, es fenilcetonúrica, sin ponernos técnicos, esto significa que no puede degradar uno de los componentes de las proteínas y esto quiere decir que, a parte de la medicación que tiene que tomar, debe llevar una dieta bastante estricta en cuanto a proteínas se refiere.
Cuando me enteré de que era fenilcetonúrica, realmente escuché, pero no entendí nada. Siendo sinceros, y he de reconocer que ahora me arrepiento un poco, no le di toda la importancia que merecía. En mi defensa he de decir que esa es la impresión que Cris transmite a los demás, porque la naturalidad y la alegría con la que lo lleva, nunca me hizo pensar que fuese algo difícil, simplemente era algo que hacía que Cris, fuese Cris.
¿Cómo empezó todo esto? Pues algo que se debe saber de mi es que soy una bocazas. Y todo comenzó, naturalmente, con una apuesta. En un momento de la conversación, Cris mencionó algo sobre su dieta y mi respuesta fue “No te quejes, cualquiera podría seguir tu dieta”. Quiero recalcar que lo decía en broma, pero todas las bromas tienen una parte de verdad y ahora que escribo esto, me arrepiento de haber pensado algo similar. Cris, por su parte, se rió y me retó, obviamente no me pude contener y a la semana siguiente empecé la “Semana de la dieta Fenilcetonúrica (PKU)”.
Cris me dijo que se iba a portar bien conmigo y que me iba a dejar tomar 30 gramos de proteína al día. Me dejó una tabla de alimentos, para que viese cuantas proteínas tienen 100 gramos de arroz y cosas similares. Me aconsejó que me organizase bien para no perder los 30 gramos en el desayuno y, para mi desgracia, iba a tener que comer verdura, algo de lo que no soy nada fan.
El primer día fue el primer batacazo a mi ego. Mi café de por las mañanas se vio reducido, porque me echo demasiada leche, así que tenía que beber solo media taza de café, si quería mantener algunas proteínas para el resto del día.
La comida no era mucho mejor. El pavo, que es algo que me vuelve loca, tiene 25 gramos de proteínas por cada 100 gramos, es decir, con dos lonchas de pavo, ya llevaba a la mitad de proteínas permitidas del día… ¡Solo me quedaban unos 3 gramos de proteína para la cena! Cuando creí que podría acostumbrarme, llegó el segundo batacazo a mi ego. El jueves podía salir a cenar con amigos, que me apetecía un montón. ¡Cuidado! Tuve que cuidar las proteínas de la comida para reservarlas todas para la noche y no es tarea fácil, menos cuando lo que te sirven por la noche, es más de las proteínas que puedes tomar.
Algo que me he olvidado comentar es que hay alimentos/bebidas que simplemente están prohibidas por el hecho de llevar un ingrediente, el edulcorante artificial llamado aspartamo, que contiene fenilalanina. Entre estas bebidas está el refresco de cola “Zero”, algo a lo que soy tremendamente adicta. Esto me obligaba a mirar lo que comía, para asegurarme de que no tenía este componente y, sé que parece una tontería, pero leer al detalle las etiquetas de los alimentos es una tarea bastante más ardua de lo que parece.
El tercer batacazo a mi ego fue simplemente Cris, que llevaba conmigo toda la semana, mirando mi desesperación y en ningún momento me insinuó un “Te lo dije”, que era lo que me merecía, sino que me animaba con orgullo y estaba hasta contenta de ver que yo había decidido pasar por eso.
Cuando terminé la Semana la dieta Fenilcetonúrica (PKU), fue el momento en el que me di cuenta de lo duro que es y que yo podía volver a comer como siempre, pero Cris no. Ella lleva haciendo toda la vida lo que yo hice en una semana y nunca he oído ni una sola queja.
Tras esta semana sé lo que es la verdadera empatía. He hablado muchas veces con Cris de la fenilcetonuria, pero después de esta semana noto que sé de lo que está hablando. Lógicamente, jamás lo entenderé del todo. Pero ahora, cuando voy a una tienda y tengo que elegir patatas para una fiesta y ella va a venir, no compro las que llevan fenilalanina o siempre intento tener refresco de cola normal que ella puede tomar sin problema.
Me dijo que ella de pequeña podía tomar solo 15 gramos. Antes, ni habría pestañeado, no vería la relación. Ahora sé que 15 gramos es lo que puedo consumir yo fácilmente en el desayuno y, cuando me lo dijo, no daba crédito. Una cosa tengo clara después de esta apuesta: Cris es mi ídolo. No porque se haya acostumbrado a la dieta o por todo lo que he mencionado. Sino porque siempre lo ha hecho parecer infinitamente más fácil de lo que es y vive completamente aparcando esta dificultad porque ha decidido que no va a permitir que eso domine su vida.
Siempre la admiraré. Antes de la apuesta ya lo hacía, mi ignorancia no era tan alta, pero ahora… Ahora solo veo que mi amiga es una luchadora y para mí es un auténtico orgullo poder decir que es mi amiga.
Y hasta aquí la reflexión. Sigo teniendo la tabla de alimentos en la nevera para que esa semana no se me borre de la memoria y le recomendaría a bastante gente vivirla también, para saber lo que se siente cuando solo te quedan 3 gramos de proteínas y te mueres de ganas de comer una hamburguesa.”